CRÍTICA: "OZ, UN MUNDO DE FANTASÍA" (2013, Sam Raimi)
Por Pablo Álvarez

Lo mejor que pude decirse de “Oz, un mundo de fantasía”, es
que durante buena parte de su metraje, resulta un trabajo fascinante, divertido
y con momentos llenos de encanto. Lo peor es que, pasado ese metraje, la
película nunca vuelve a remontar el vuelo hasta que aparecen en pantalla los
títulos de crédito finales.
Sin duda, el primer acto del film resulta lo mejor de la cinta.
Ya desde el momento en el que aparece la
pantalla en blanco y negro y con una relación de aspecto de 1,33:1, en lo que
resulta un claro homenaje al clásico de Victor Fleming “El mago de Oz”, percibimos que nos encontramos
ante un producto especial. La presentación de James Franco como Oz, resulta
efectiva, logrando que el carisma y la simpatía que desprende el actor, juegue a favor de un personaje que se nos
muestra como un farsante rompecorazones con un ego desmesurado. La elección de
Franco en el papel, supone un acierto para que el espectador perciba como
picardía, lo que en manos de otro intérprete podría haber suscitado el desprecio.
En este tramo del film, la puesta en escena de Raimi resulta clásica, recurriendo a
los cromas del mismo modo que se usaban los escenarios pintados en la versión de 1939, dotando al conjunto
de un cierto espíritu teatral. Tras esta presentación, se produce el esperado
momento en el que el personaje llega a la tierra de Oz. Es entonces cuando Raimi
juega de manera acertada con el cambio de formato, para mostrar la transición
de un mundo a otro, pasando a una relación de aspecto panorámica de 2,35:1. En
ese instante, la imagen deja atrás el blanco y negro, mostrando una estimulante
paleta multicolor. Esta parte inicial en
Oz , resulta visualmente fascinante, variada en sus situaciones y original en
su realización, con instantes que son 100% puro Raimi. El uso del 3D juega su
mejor baza durante estas escenas, potenciando la profundidad de campo de la
imagen con innumerables detalles distribuidos por el plano. La película cumple
sobradamente la misión de transportar al espectador a un mundo imaginario de
forma convincente, algo a lo que contribuyen tanto los efectos visuales como el
excelente diseño de producción. Además en esta parte se dan cita dos personajes
que acabarán resultando de lo mejor de la función : el mono volador Finley y especialmente la
muñequita de porcelana . Durante buena parte de este primer tramo, experimenté
la sensación de estar asistiendo a un trabajo con verdadera alma, algo tan
infrecuente en el baldío terreno del blockbuster actual, tan centrado en la
pirotecnia visual y tan poco interesado en crear historias con buenos personajes.
¿Qué sucedió entonces para que la película se fuera al traste?. Llegados al segundo
acto, algo que coincide con la aparición del personaje de Michelle Williams, la
película entra en un estado de modorra narrativa del que no vuelve a
recuperarse. Esto sucede además en una escena precisa, que no destriparé aquí, que
sirve como elocuente metáfora visual de la debacle que acontecerá a partir de
ese instante. Lo que en un principio había supuesto un relato entretenido, se
convierte en una sucesión de escenas, en las que la indiferencia del espectador
ante lo que acontece en pantalla le acompañará hasta el final. El ritmo se
vuelve monótono e incluso visualmente no se vuelve a recuperar el poder de
fascinación mostrado al principio.
Además, instantes como el del origen de la Bruja del Norte, personaje icónico
donde los haya, no resultan tan emocionantes como deberían. De este modo,
aunque vuelva a surgir aisladamente algún que otro acierto visual, además de divertidos
cameos por parte de los colaboradores habituales del director, la película no
tiene mucho más que ofrecer. Incluso su clímax final, en el que Raimi podría
haber dado rienda suelta a su característica hiperactividad visual, resulta
extremadamente estático y falto de emoción. La sensación que se transmite es la
de fatiga general.
“Oz, un mundo de fantasía” supone una oportunidad perdida de
haber creado un clásico moderno del cine familiar. Esto resulta doblemente frustrante
, porque se trata de un producto que a priori resultaba de lo más prometedor,
pero inexplicablemente acaba cayendo en los problemas que adolecen muchas de las
películas que pueblan nuestra cartelera. Plantean una premisa interesante, pero
se ven incapaces de ofrecer una conclusión satisfactoria.
De cualquier modo no se trata de un proyecto exento de
virtudes. El formato estereoscópico es probablemente el mejor que he disfrutado
en una sala de cine desde “Avatar”. Además, hay muchos instantes que, aunque se
encuentran concentrados sobre todo en su primera mitad, amortizan sobradamente el
precio de la entrada. Por otra parte, los actores se muestran solventes en sus
respectivos papeles, ya se trate de un carismático James Franco en la piel del mago
o de unas Mila Kunis, Rachel Weisz o Michelle Williams como la tres hermanas brujas.
En resumen, no se trata de la excelente película que podría
haber terminado siendo, pero tampoco supone un desastre insalvable como la “Alicia
en el país de las maravillas” de Tim Burton. A pesar de no resultar un proyecto
redondo, hay muchísimas peores opciones que esta en las que invertir vuestro dinero al ir al cine.