CRÍTICA:
"EL HOMBRE DE ACERO" ("Man of steel" 2013, Zack Snyder)
Por Pablo Álvarez
Comenzaré diciendo que “El hombre de acero” no supone la
mejor película basada en un cómic jamás realizada ; tampoco es el mejor trabajo
de su realizador, Zack Snyder. Ambos puestos siguen estando ocupados de forma
inamovible, por esa maravilla titulada “Watchmen”. ¿Significa eso que el
resultado final es decepcionante?. En absoluto. Nos hallamos ni más ni menos, ante la más ambiciosa, épica, profunda y
emotiva visión de Superman jamás llevada a la gran pantalla.
Lo que han conseguido el realizador y los guionistas con
esta película, es digno de admiración. Trasladar de forma acertada la historia
de un personaje con 75 años de antigüedad, en el contexto actual no era tarea
fácil. Si el clásico dirigido por Richard Donner mostraba el mundo idealizado
del “american way of life”, en el que Superman truncaba los planes de un Lex
Luthor más bufón que villano, la nueva versión, sitúa al héroe en un escenario
mucho más realista y acorde al sentir general de la sociedad de nuestros días.
Esto queda patente desde su comienzo, en el que contemplamos un Krypton que,
lejos de presentar la aséptica e inmaculada apariencia vista en anteriores
versiones, se presenta como un mundo decadente, sombrío y hostil al borde de la
destrucción. A lo largo del film, se incide en el aspecto de que Superman preserva
su sentido de la nobleza y unos valores morales profundamente arraigados, pero
el mundo que le rodea ya no es el de antaño. Los tiempos cambian, y la otrora
bondad se antoja ingenua, dando paso al escepticismo y a la hipocresía. Por eso
en esta ocasión vemos que al personaje le cuesta más que nunca emerger triunfalmente
de las situaciones a las que se enfrenta, muchas de las cuales derivarán en un
conflicto emocional. Ya no es el héroe al que todos vitoreaban cuando le veían
surcar los cielos. Ahora es un Dios que, a pesar de luchar por la humanidad, no
puede evitar infundir temor en los indefensos mortales que contemplan su poder
destructivo. Por esto principalmente, es por lo que esta versión supone una
necesaria y valiente, actualización del personaje, a la vez que realiza una
profunda reverencia hacia el canon establecido, pero sin dejar que esto
condicione a la historia que quiere y necesita contar.
La película se esfuerza en distanciarse del resto de producciones
pertenecientes a un género, que empieza a mostrar ciertos signos de comodidad y
falta de riesgo, al repetir sus esquemas invariablemente. “El hombre de acero”,
consigue que una historia que ya es arquetípica, resulte fresca gracias a una
narración poco convencional, en la que el flashback se convierte en un recurso constante
durante el metraje. Estos se integran en la trama en momentos concretos,
cumpliendo la función de explicar los propósitos del personaje y su evolución a
lo largo de la historia, logrando un buen equilibrio entre la introspección y
el espectáculo. En lo concerniente a esto último no hay atisbo de duda: la
escala de las batallas mostradas en “El hombre de acero” supera con creces a
todo lo visto hasta ahora, “Vengadores” incluidos. La forma de mostrar los devastadores efectos
de los enfrentamientos, consiguen dotar de gravedad y dramatismo a dichas
escenas, evitando caer en el mero divertimento vacuo.
La dirección de Zack Snyder, presenta determinadas variaciones respecto a
sus anteriores trabajos, pero sin perder por completo las señas estilísticas
que lo definen como autor. En esta ocasión prescinde de la cámara lenta y opta
por una dirección más directa e integrada en la acción, con una omnipresente
cámara al hombro. No obstante, esto no limita de ningún modo su capacidad como
creador de imágenes brillantes, con un sentido de la composición único y un
gran manejo de la puesta en escena. Hans Zimmer no lo tenía nada fácil al tener
que trabajar a la sombra de la mítica partitura firmada por John Williams.
Afortunadamente sale airoso, consiguiendo uno de sus mejores trabajos, logrando una composición contundente
y emotiva, que potencia la épica de las imágenes. En cuanto al elenco actoral,
lo primero que hay que mencionar es que Henry Cavill consigue plenamente que no
evoquemos la imagen de Reeve durante el metraje. Su imponente presencia física
y su convicción a la hora de interpretar el papel, lo convierten en el mejor
Superman hasta la fecha. Amy Adams supone una perfecta Lois Lane, intrépida,
inteligente y formando parte activa en la acción. Russell Crowe logra una
brillante actuación, consiguiendo que sus instantes como Jor-el, nos hagan desear
la realización de un spin-off centrado en su personaje. Michael Shannon logra
crear un villano memorable, distanciándose de los estereotipos y logrando que
lleguemos a empatizar con su causa. Kevin Costner, Diane Lane y Lawrence Fishburne,
no cuentan con tantos minutos en pantalla como el resto y aún así, consiguen
protagonizar algunas de las mejores escenas del film, gracias a su excelente
trabajo.
En definitiva, “El hombre de acero” supone una reinvención
del personaje necesaria y oportuna en la época actual. No es un film carente de
fallos, como demuestra alguna caída puntual de su ritmo y alguna frase
desafortunada en su guión. Sin embargo sus responsables demuestran un profundo
respeto hacia el material original, consiguiendo lo más cercano a la película
definitiva de Superman. De momento puedo decir con satisfacción, que se han
sentado las bases de algo que fácilmente podría evolucionar, en el mejor film
de superhéroes jamás realizado. Me alegro de haber disfrutado con este excelente
relanzamiento, que desde ya es una de la mejores películas del género y sin
duda el mejor film en lo que llevamos de año. El futuro se presenta
esperanzador.
Nota: Con esta crítica inauguramos nuestro sistema de puntuación a base de "pepaçaos". La valoración se establece de uno a cinco. En este caso "El hombre de acero" tiene una puntuación de cuatro "pepaçaos" y medio. Agradecimientos especiales a Gonzalo Álvarez, por encargarse de su diseño.
PUNTUACIÓN:
4 1/2 pepaçaos